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ReconquistaHOY ofrece aquí un resumen de los fundamentos del tribunal que condenó al sacerdote Néstor Monzón.

Deja en claro que Monzón merecía una pena mayor a 16 años pero no pudieron sobrepasar lo que pidieron los acusadores, a quienes les señala algunas omisiones.

 

Juicio a Monzón.
El tribunal del juicio integrado por los jueces Santiago Banegas, Claudia Bressan (presidente) y Martín Gauna Chapero.   

El 18 de diciembre de 2019, el tribunal compuesto por los jueces Claudia Bressán (presidente), Martín Gauna Chapero y Santiago Banegas, en nombre del Poder Judicial de la Provincia de Santa Fe, condenó por unanimidad al sacerdote Néstor Fabián Monzón, DNI N° 20.192.635, como autor material y penalmente responsable del delito de abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de su realización, calificado por ser el imputado ministro de un culto reconocido, en perjuicio de dos menores en concurso real, con costas y accesorias legales, a la pena de 16 años de prisión de cumplimiento efectivo, conforme lo disponen los artículos 12, 40, 41, 45 y 119 segundo párrafo y tercer párrafo, inciso B, 12, 45 y 55 y concordantes del Código Penal y 331, concordantes y siguientes del Código Procesal Penal de la Provincia de Santa Fe. Fue absuelto "por el beneficio de la duda" de haber producido un daño grave en la salud de la víctima en perjuicio de ambos menores. Al respecto el tribunal no dudó en señalar que el grave daño a la salud fue probado en el juicio, pero señala una falencia en los acusadores quienes omitieron reprocharle el daño psíquico, lo que podés leer en este resúmen de los fundamentos que aquí ofrece ReconquistaHOY. Una apostilla: Ghio lo había hecho en un momento, pero desistió en el alegato final, lo que fue una gran sorpresa. El resto pidió la condena por el grave daño a la salud, pero solo hicieron hincapié en la transmisión del HPV, lo que no pudieron demostrar que fue culpa de Monzón; y al respecto también  en sus fundamentos el tribunal les señaló otra falencia: no haberle hecho ni a Monzón ni a la niña "los estudios de biología molecular que hubieren podido revelar el ADN del virus, desoyendo con ello las recomendaciones vertidas por el jefe del cuerpo médico forense de la Corte Suprema de la Justicia Provincial, el Dr. Pascual Pimpinella, revelando con ello un completo desperdicio de la opinión del experto consultado a tales efectos".

Al concluir la feria de enero el tribunal dio a conocer los esperados fundamentos de la condena, el que consta de 274 fojas que ReconquistaHOY resumió y aquí ofrece sin nombrar a las víctimas ni a sus padres.

 

El Tribunal unánimente no duda que los hechos de abusos sexuales fueron probados y que fueron autoría y responsabilidad penal del sacerdote Néstor Fabián Monzón.

 

Señalan entre otras cosas:

"No podemos perder de vista que tenemos dos víctimas, niños ellos, de tan solo TRES AÑOS de edad. Situación ésta, que limita de sobremanera la posibilidad de obtener un relato coherente en primera persona de lo padecido, en atención a la falta aún, de formación de la personalidad, la imposibilidad de tener capacidad simbólica y lo traumático de pasar por situaciones violentas que impactan de distinta manera en cada uno de ellos, como referenciaran los profesionales en psicología (Manzi, Campos, Funes, Zarza, Farray). 

Habiendo quedado patente la situación referenciada de la cámara Gesell que se le tomo a (nombra a la niña víctima) y de la imposibilidad de poder llevar a esa modalidad de testimonial de (el nene víctima), explicado con claridad por la psicóloga Funes y el devastador efecto que produjo en la psiquis del niño. 

Si bien (nombra a la niña víctima) por su carácter, su hiperactividad, pudo a través de la modalidad referenciada dar su testimonio, el caudal probatorio que ha creado la certeza de que los hechos ocurrieron, y que ha sido el Sr. Néstor Monzón el perpetrador de los mismo, deviene de efectuar una interpretación armónica del todo el plexo probatorio, desplegado a los largos de las seis largas jornadas de debate. 

Partiendo entonces del relato en primera persona, prestado por (nombra a la niña víctima) en la Cámara Gesell, atendiendo a las particularidades del testimonio de una niña de tres años de edad, resulta lógico el resultado que arrojo la misma. 

En primer lugar, el hecho de que refiera “Porque no viene (el nene víctima) a contar todo lo que nos hizo a nosotros”, indicando con ello que las víctimas del accionar de Néstor Monzón fueron tanto (nombra a la niña víctima) como (el nene víctima), quien luego de un tiempo recién pudo verbalizar alguna de las situaciones abusivas.

 

La niña contó que el sacerdote tenía novia e incluso que tuvieron sexo delante de ellos.

 

El tribunal expresa que con su lenguaje infantil la niña pudo "referir concretamente como situaciones de abuso: “Me hizo pichi en la cola” –aclarado ello por el testimonio del Sacerdote Duarte Paz cuando hace referencia a lo declarado por la abuela de la niña en la causa canónica, en esta acción en particular, “que le hizo pichi blanco en la cola”, testimonio que en persona no pudo rendirse en la causa, atendiendo al fallecimiento de la persona-; lo que hacía con la novia, describiendo aquí las tetas, el jadeo, entre otras acciones; la actitud defensista que asume ella, a fin de repeler lo que consideraba un ataque “tierra, arena, clavos le voy a tirar, es un tipo malo"; "me metio el pitín en la chochi",  señalando la vagina cuando se refiere a la chochi, siendo estos los elementos más relevantes que se pudieron obtener de la testimonial de la niña víctima.

"Relatos que, atendiendo la edad de la testigo, son de fundamental importancia, ya que no todos los niños a esa edad pueden manifestarse con la claridad que lo hizo. Más allá de que son relatos sueltos, entrecortados, de los cuales no da más datos. Referencias o características del testimonio lógicas atendiendo a que provienen de un psiquismo infantil en formación, caracterizado por diversos grados de fragilidad". 

"Cabe destacar que, frente a delitos contra la integridad sexual, el testimonio de la víctima aparece como la prueba dirimente, puesto que esta clase de hechos suele cometerse en lugares de intimidad ajenos a las miradas de terceros y en ámbitos de confianza. En este sentido, como es frecuente, los elementos de juicio que corroboran el relato de la víctima -al tiempo de la audiencia-, unos niños de tres años de edad, ya que (nombra a la niña víctima) no solo relata los hechos que ella le pasaron, sino que incorpora a (el nene víctima) que estaba todo el tiempo junto a ella, constituyen en su mayoría prueba indirecta".

El tribunal señala que el testimonio de la niña víctima es abonado por las declaraciones prestadas por su mamá en primer lugar, su papá, por el tío -papá del nene víctima, la licenciada Fiorella Petroli, las terapeutas tratantes Luisina Campos y Pamela Funes y “los testimonios absolutamente reveladores del Sacerdote Jorge Luis Duarte Paz y Obispo Ángel José Macin, que comunicaron los elementos de pruebas por ellos valorados en el proceso canónico, en el cual encontraron al imputado Néstor Fabián Monzón responsable no solo de los abusos a los dos menores (nombra a la niña víctima) y (el nene víctima), sino que también de otros hechos reprochados a la luz del derecho canónico”.

Menciona también el tribunal lo aportado por la Lic. Fiorella Petroli, quien recordó haberla entrevistado en dos oportunidades y refirió que “al finalizar la primera entrevista la niña le dice: no te conté el padre Néstor. Luego ya en la segunda entrevista, en un momento le recuerda lo referido en aquella primera y la niña le cuenta "le tocamos la cola, le pregunta si él le había tocado a ella. A lo que responde diciendo que sí, que le había tocado con el pito . Después preguntaba sobre más cosas y le responde que estaba presente el nene víctima que todavía no le había tocado a él el pito. Y en un momento también dice me hincó con el dedo, y me dolió, lo voy a retar . Al evaluar el testimonio de la niña entiende que las palabras que usa para expresarlo son acordes a su edad, cuando usa las palabras “hincar” o “la chochis” es un vocabulario que es propio de ella... Entiende que el relato de la niña es creíble, y no vio en los mismos signos de inducción”. 

Menciona también el tribunal que en una de las entrevistas con la psicóloga que trató al nene víctima a lo largo de siete sesiones, Pamela Luciana Funes, el nene le  relató explícitamente: “Mi prima (la nombra)  y Manu subieron, yo no subo a la escalera de la capilla, (vuelve a mencionar a su primita)  se bajó la bombacha y Manu se bajó el calzoncillo, y el padre Néstor se bajó el pantalón, yo no subo a la escalera ”…

También menciona que como mecanismo de fantasía el nene expresó que “El padre Néstor, es el increíble Hullk”… Dijo: “Le tengo miedo al Hulk, me va matar”, como que hay un secreto y él tiene miedo a la amenaza de muerte, posteriormente también se puede ver que hay bastante inhibición, bastante evitación en cuanto a jugar a juegos, se puede ver también la presión por que trata de olvidar y cuando le volvés a preguntar, el evita. Se ve mucho miedo, él repite, “Tuve mucho miedo con lo que le pasó a (menciona a su primita)”. Dijo: “El padre Néstor le pincho con un cuchillo en la cola y le salió sangre” y a Manu le hizo así (la testigo hace una seña), tuve mucho miedo, eso lo repite constantemente. Se quedaba con la mirada perpleja y con tristeza y los ojos lagrimosos, se veía que estaba sufriendo. Identifica al muñeco amenazador “Hulk” con el padre Néstor. Ese muñeco era el que lo amenazaba de muerte, a él le tenía miedo. Luego se disocia, y se transforma él en el hombre araña, que viene a defender “Le voy a tirar con la maceta en la cabeza” y se ve toda una visión infantil de lo que relata. La fantasía son normales en los niños, en la edad de los monstruosos, también es esperable que ingresen cuestiones de fantasía, pero no quiere decir que lo relatado no sea verosímil, el discurso no es estructurado, ni organizado, es más bien circular, expresa distintas maneras lo mismo, con la significación que le da a los juegos, y se ve en esto bastante del susto, el secreto encubierto en esto que lo va a matar si habla, el miedo a que el increíble Hulk lo va a matar, básicamente es, el experimentaba en su subjetividad que estaba bajo amenaza de muerte. La afección de los hechos vividos, el miedo, lo hacen primero negar la ocurrencia de los hechos abusivos, para luego reconocerlos sacándose él de escena poniéndolo al otro primo Manu en su lugar, para luego si situarse él en los hechos, buscando a esta altura mecanismos para repeler el ataque, recurriendo a la figura del hombre araña. La profesional tratante refiere que los indicadores que surgieron luego de las entrevistas fueron: el juego postraumático, eso de la disociación, si era algo puntual se quedaba con la mirada perpleja, la mirada perdida, la negación. La necesidad de salirse de esa situación dolorosa. Evita eso y después quizás dice otra cosa más profunda; después esta la represión, para la testigo el niño estaba tratando de olvidarse todo, porque justamente los mecanismos de defensa que no quiera acordarse, revivir esa situación, porque le genera dolor. 

Se ve el sufrimiento psíquico que el niño estaba vivenciando, lo vio bastante triste, bastante afectado, la verdad que fue uno de los chicos que más afectado estuvo. 

Cuando (el nene víctima) refiere a la presencia de otro primo en los hechos, la testigo entiende que puede ser él, que se disocia. 

El relato efectuado por (el nene víctima) es una versión infantil, ya que ellos no pueden relatar situaciones que no vivieron.

Los chicos desde los 4 años, saben diferencia lo que está bien de lo que está mal, el tema de la mentira de los chicos tiene que ver con cuestiones que ellos quieren evitar un castigo o agradar a alguien, pero hay contenidos que los chicos no pueden inventar, hay contenidos sexuales o hay un relato claro, en ese sentido es muy improbable.

El niño quedo con el develamiento y no hay que olvidarse que él estaba en su psiquismo bajo amenaza de muerte, es un infierno que él vive, tiene indicadores compatibles con abuso sexual.

En su momento desaconsejo, la posibilidad de que se lleve a cabo una cámara Gesell, porque lo vio al niño muy afectado psíquicamente , con esta cuestión de que se quería ir en cuanto se trataba el tema, lo estaba padeciendo mucho. Situación que privo a este Tribunal de conocer las manifestaciones del menor, situación esta que de manera alguna puede favorecer a la impunidad, pues tenemos el testimonio de la psicóloga que lo estuvo tratando, que fue la encargada de traer su versión al debate, es lógico y atendible, atendiendo al devastador efecto que la sobreexposición puede causarle en el psiquismo al niño.

Todo lo cual es advertido y adelantado por Irene Intebi en su libro “Abuso sexual infantil en las mejores familias”, edit. Granica, cuando en la página 173 y bajo el titulo Indicadores Psicológicos: Mirar, escuchar y darse cuenta, El diagnostico, refiere: “. . .el abuso sexual infantil constituye uno de los traumas psíquicos más intensos y de que sus consecuencias son sumamente destructivas de la personalidad. Es posible comparar sus efectos al de un balazo en el aparato psíquico: produce heridas de tal magnitud en el tejido emocional, que hacen muy difícil predecir como cicatrizará el psiquismo y cuáles serán las secuelas".

 

Es posible comparar los efectos del abuso sexual al de un balazo en el aparato psíquico.

 

 

El abuso sexual genera consecuencias sumamente destructivas de la personalidad.

 

 

 

El abuso sexual en los niños produce heridas de tal magnitud en el tejido emocional, que hacen muy difícil predecir como cicatrizará el psiquismo y cuáles serán las secuelas.

 

 

Haciendo propias este Tribunal las palabras expresadas por la Lic. Funes, ya que da una explicación adecuada y atendible de su conclusión: “En cuanto al relato del menor, entiende que el mismo no ha sido inducido, es más, es muy personal este relato porque nunca había escuchado ni el increíble Hullk, ni el hombre araña en otros niños, no vio un discurso armado, había distintas maneras de manifestar lo mismo”. 

Volviendo al comportamiento de (nombra a la niña víctima), los padres sintieron la necesidad de someter a tratamiento a su hija, en virtud de conductas, que resultan ser claros indicadores de abuso sexual, estaba demostrando (nombra a la niña víctima). Ellas consistían en montarse arriba de su primito y mantenía movimientos rítmicos continuos, se escondía detrás de algunas cortinas y lo tocaba, conductas que no eran adecuadas y con un lenguaje que tampoco era apropiado para la edad de ella. 

Tratamiento que estuvo a cargo de la Lic. Luisina Campos, que en testimonio manifestó (nombra a la niña víctima) siempre mencionaba algo referido al padre Néstor. A través de historias, a través de juegos, tenía momentos que realizaban juegos y ella los cortaba para mencionar algo que el padre Néstor. Le conto "me tocó la cola, pero adentro Luisi, adentro ” entonces toma unas hojas y dibuja, a lo que le pregunta que era eso responde "era un palito con espinas, pero tiene muchas espinas porque dolió mucho". También lo refirió dos o tres veces.

La testigo no dudo del relato de la niña porque, las manifestaciones en palabras que ella ponía se seguían repitiendo una y otra vez, a lo largo de un año y meses ella seguía refiriendo, porque las emociones que ella presentaba cada vez que tenía, que hablaba de esta persona eran concomitantes realmente con el hecho, ya que manifestaba angustia, manifestaba malestar, por momentos se visualizaba ira en ella.

Una vez jugando muy tranquila, muy calmada, corta otra vez este juego y empieza a manifestar enojo. A lo que le dice: "bueno, pero por qué estás enojada, por qué te manifestás de esta manera? ¿vos tenés miedo? Y ahí ella le dice "Tengo miedo a una sola persona, es el padre Néstor, porque él es un maleducado, las cosas que me hizo ".

Veía en el relato de (nombra a la niña víctima) un montón de síntomas que se presentaban en ella, eran congruentes, se podía confiar en su discurso, en lo que relataba y no modificada, era siempre lo mismo, el llanto, la tristeza y el malestar.

Entiende que ve que los criterios de validez del testimonio, que sus palabras son acordes a las emociones que va sintiendo, que la persona vaya relatando las situaciones en diferentes momentos y a diferentes personas y (nombra a la niña víctima) lo ha hecho. Los detalles puntuales que da la mesa grande, el asiento rojo, la cama, el color de las paredes, la ventana, era muy detallista.

Entiende, además, que el relato de (nombra a la niña víctima) no ha sido inducido, cuenta lo mismo en distintas situaciones, no lo contaba estructuradamente, metódicamente. Era un lenguaje infantil el que ella utiliza, no es el de un adulto. Después en otro momento, sí, refería a cosas como, que supone sacaba de los papás: "es un hombre malo", "no nos tenemos que acercar". Bueno, ahí se nota que es un lenguaje adulto, que no es el lenguaje del niño.

Siendo esto los testimonios que, si bien no son en primera persona, pueden llegar a interpretarse de esa forma ya que han sido quienes recibieron la versión dada por lo niños víctimas. Siendo las psicólogas tratantes además, especialista con capacidad para analizar lo relatado a ellas, y aportar en cuanto hace al entendimiento de que si los mismos resultan ser creíbles, habiendo dado cada una de ellas, fundamento adecuado de porque llegan a esa conclusión.

Plexo probatorio que, además, es abonado por el relato del material incorporado al proceso canónico a través de la testimonial prestada por el sacerdote Jorge Luis Duarte Paz, quien luego de haber tomado de manera personal las testimoniales y recabado otros instrumentos de prueba que fueron detallados, concluyó que el Sr. Néstor Monzón es responsable por el abuso sexual de ambos menores".

 

El juicio canónico derribó una coartada de Monzón que el tribunal se la cobró: haber querido usar una persona muerta a su favor siendo encima la abuela de las víctimas.

Sostiene también el tribunal que "resulta relevante para esta causa el testimonio de (menciona a la abuela de los niños, vecina de la parroquia) el que, debido a su fallecimiento, no pudo ser rendido en esta causa. No obstante, lo cual, ese testimonio se prestó con las formalidades de ley en aquel proceso, por ello resulta verdaderamente trascendente para esta. Trayendo luz acerca de cuál era su conocimiento y su convicción para contrarrestar otras testimoniales prestadas en esta causa, que hablan a su respecto (Sra. Pena de Speranza)".

En sede canónica la abuela de los niños declaró que "su nieta le manifiesta, le confirma lo que había sucedido y agrega otros elementos que su nieta le narró, le relató. Que la menor y su primo le habían tocado la cola al padre Néstor y el pito al sacerdote y que éste no se enojó, que el sacerdote lo había tocado también a ellos y que los mandó luego a lavarse las manos. También su nieta le relató a la abuela Elba que el padre Néstor respiraba fuerte y que luego le salió como un pichi blanco. Algo que también la abuela afirma en su declaración es que la menor le manifiesta que desde la casa del padre Néstor se veían las flores del jardín de la casa de la abuela. Se veían las flores de tu jardín abuela, le dice la menor. También (el nene víctima) dice que el sacerdote le tocó a ella la cola y el pito a (el nene víctima) y que (el nene víctima) lloraba y que entonces el sacerdote lo tomó en brazos y lo alzó y que (el nene víctima) le decía -Yo me quiero ir con mi mamá.

La coartada de Monzón que el juicio desnudó le fue cargado también como agravantes, ya que le reprocharon los jueces las secuelas lesivas causadas, que trascienden largamente a las víctimas y se extienden a la totalidad de su círculo íntimo, ocasionadas no solo por las características del aberrante hecho cometido, sino también por la actitud del imputado que deliberadamente, desde que se presentó la denuncia en su contra -según se acreditó con diversas testimoniales vertidas a lo largo del debate-, intentó utilizar su posición dentro de la sociedad para estigmatizar a las familias de las víctimas y lograr con ello el rechazo de gran parte de la comunidad local hacia los denunciantes y su entorno".

También el tribunal le reprochó "actitudes provocadoras y sumamente lacerantes hacia los más caros sentimientos de los damnificados, tales como invocar una y otra vez el nombre de la abuela fallecida de los niños que resultaron víctimas" de los actos de Monzón.

 

LA PERSONALIDAD DE NESTOR MONZÓN Y EN QUÉ SITUACIÓN PUDO PERDER LOS FRENOS INHIBITORIOS Y ABUSAR. 

Dice el tribunal: 

A la hora de analizar la personalidad del perpetrador, debemos recurrir al testimonio brindado por la Lic. Cravero, miembro del equipo interdisciplinario multifueros del Interior que depende del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba, que llevo a cabo la pericial psicológica del imputado, bajo el debido control de las profesionales propuestas por las partes. Resalando en lo que aquí adquiere importancia que el imputado tiene tendencia a reprimir los afectos, emociones, impulsos y hay dificultades con los impulsos agresivos y sexuales, que más conflictúan a las personas neuróticas, que mientras el “yo” está obrando en un estado adecuado los puede manejar, los puede sublimar, es decir quitarle las energías libidinales para destinarlas a una meta más sublime, más eleva, más a lo intelectual al trabajo cotidiano. Aunque podría haber algunas situaciones particulares que hacen que el “yo” pierda la eficacia en el control de los impulsos, y esto se ve por ejemplo en lo que hace a las cuestiones que tengan que ver con la agresividad, que tiene que hacer un esfuerzo extra para poder controlarlos y adaptarlos adecuadamente o expresarlos adecuadamente. En algún momento puede ser ambivalente ese manejo. Y esto puede deberse a una situación que desborde de la capacidad del “yo”, que puede ser una situación traumática, v.gr. asalto, accidente, el cambio de lugar de su trabajo, alguna situación que impacta a nivel psicológico, la energía que pone al “yo” en tener que hacer con ese exceso de energía, con esa situación traumática. Y es allí donde pueden plantearse situaciones regresivas a un modo de un funcionamiento previo, es decir a regresar a un momento donde se sentía más seguro, obrando de un modo inmaduro distinta a la habitual.

Luego habla de los indicadores de experiencias traumáticas tempranas.

Hay una utilización de mecanismo de intelectualización, de represión de impulsos que considera que no son los adecuados, de represión de agresividad, y ante ello hay mecanismos de formación reactivo, convirtiéndolos en lo contrario.

Así ante el conflicto o la necesidad de reprimir los impulsos sexuales o agresivos, que también está presente la posibilidad de sublimarlos de poder controlarlos racionalmente. No es que sea una persona que no tiene ningún freno inhibitorio, sino que puede hacérselo en condiciones de normalidad, pero cuando alguna condición o algún factor psicosocial estresante o alguna circunstancia que en particular lo desestabiliza es probable que pueda haber algún descontrol de esos impulsos .

Para el abusador regresivo, la motivación del acto está dado en la necesidad de reafirmarse en su autoestima, actúan por un factor desencadenante, puede ser por el nivel de estrés, alcohol, etc.. Y dentro de esas situaciones estresantes puede estar dada por el cambio de destino laboral. Concretamente a Monzónel cambio de parroquia le produjo un trastorno de la ansiedad, por lo que debieron medicarlo. Coincidiendo tiempo espacialmente ese descontrol con la fecha de ocurrencia de los eventos abusivos, lo que constituye un elemento más, revelador de su responsabilidad jurídico penal por los hechos encontrado responsable.

Además, surge claro que el imputado no tenía incapacidad alguna o imposibilidad de comprender la criminalidad de sus actos. Como tampoco se han invocado y menos aún verificado la existencia de alguna causa de exculpación o disminución de la capacidad de comprender sus actos.

Concluyendo con estos relatos de quienes escucharon en primera persona a las víctimas de los hechos y de los demás elementos probatorios producidos en el debate es que existen sobrados motivos para entender en lo sustancial, que los hechos de abuso sexual sobre (nombra a la niña víctima) y (el nene víctima), existieron, y que ellos ocurrieron en el ámbito de la Iglesia María Madre de Dios, más precisamente en la casa parroquial, los que fueron perpetrados por Néstor Monzón, al final del mes de noviembre de 2015.

 

LA CALIFICACIÓN JURÍDICO PENAL

En lo que respecta al interrogante atinente a la calificación jurídico-penal de los hechos, el tribunal sostiene:

“Eentendemos que los mismos se subsumen en la figura típica del abuso sexual gravemente ultrajante por las circunstancias de su realización, calificado por ser el imputado ministro de un culto reconocido, en perjuicio de dos menores, en concurso real entre sí (arts. 119, segundo párrafo, e inc. b, y 55 del Código Penal), toda vez que se encuentra suficientemente acreditado que Néstor Fabián Monzón abusó sexualmente de los niños (nombra a la niña víctima) y (el nene víctima), ambos de tres años de edad y primos entre sí, realizando tocamientos de la vagina de la niña y del pene del niño, y obligándolos a ambos a que -a su vez- realicen tocamientos del miembro viril y los glúteos del imputado; todo ello contra la voluntad de los niños -quienes, huelga decirlo, por su corta edad y en función de lo dispuesto por el artículo 119 del digesto punitivo, carecen de capacidad para consentir dichos actos-, valiéndose, asimismo, de estratagemas de engaño sutiles pero lo suficientemente eficaces como para vencer la poca resistencia que personas de tan corta edad podrían ofrecer; todo ello en forma simultánea y mientras cada uno de los niños presenciaba lo que el imputado realizaba con el otro; siendo, a su vez, el imputado, ministro de un culto reconocido -el Católico Apostólico Romano-. Todo ello implica una clara injerencia, arbitraria y no consentida, en la esfera de autodeterminación sexual de dos terceros, siendo justamente tal el bien jurídico protegido por la norma punitiva referida.

 

UNA OBSERVACIÓN DEL TRIBUNAL A LOS ACUSADORES

En la sentencia, el tribunal puso  en evidencia una falta de observación de los acusadores que les generó desconcierto, lo hizo en estos términos:

“Queremos aquí dejar en claro que otras circunstancias del ataque a la autodeterminación sexual de los niños, tales como que Monzón se haya masturbado en presencia de ellos y haya eyaculado sobre la niña, y que haya introducido sus dedos en la vagina de esta, no fueron tenidos en cuenta en lo que a la tipicidad refiere, en razón de que -desconcertantemente- nunca fueron atribuidos al imputado…”.

“Ahora bien, esto no impide que sean considerados como agravantes de la culpabilidad…  en razón de que fueron circunstancias debidamente probadas durante el debate y sobre las cuales todas las partes tuvieron posibilidad de alegar al formular sus conclusiones”.

En sus fundamentos de la condena, el tribunal agrega:          

“Podemos afirmar, sin el menor atisbo de duda, que todo abuso sexual, independientemente de su duración o circunstancia de realización, conlleva un ultraje y un sometimiento para quien lo padece, toda vez que implica la injerencia no consentida en una de las esferas más íntimas del ser humano, cual es su autodeterminación sexual. Pero lo que diferencia la figura calificada (tipificada en el segundo párrafo del artículo 119 del Código Penal) de la básica (descripta en el párrafo primero de dicha norma) es que en aquella el sometimiento -es decir, la sujeción, humillación y subordinación por la cual se obliga al sujeto pasivo a soportar un trato sexual en contra de su voluntad- resulta, por sus características de realización o por su prolongación en el tiempo, gravemente ultrajante. El adverbio “gravemente”, entonces, indica que, dentro del cuasi infinito espectro de actos abusivos de naturaleza sexual, solo algunos, aquellos que superen determinado umbral, serán expelidos de la figura básica y recaerán en la agravada. La frontera entre uno y otro tipo no puede trazarse con absoluta precisión en abstracto, porque ello dependerá, fundamentalmente, de las condiciones personales de la víctima y de la modalidad del hecho.

En el caso traído a juicio las circunstancias que permiten tener por configurado el plus objetivo que convierte el abuso perpetrado por el imputado en un sometimiento sexual gravemente ultrajante radican en tres aspectos que, quizás en caso de no haberse presentado simultáneamente, conducirían a la subsunción típica del hecho en la figura básica, pero, atento a su concurrencia, importan la configuración del delito calificado: en primer lugar, debemos mencionar el tipo de trato sexual mantenido con los niños, ya que la actividad abusiva no se circunscribió a un fugaz tocamiento por parte de Monzón de los genitales de los infantes, sino que aquel, sumando aún más perversión a su accionar, hizo que ambos pequeños realizaran manoseos sobre su propio cuerpo desnudo, en particular sus glúteos y pene; en segundo lugar, el imputado obligó a cada uno de los niños a presenciar las actividades sexuales a las que sometía al otro, por lo que no solo debieron padecer la humillación propia de soportar un trato sexual no deseado, consentido ni comprendido, sino también el desasosiego de ver que otro pequeño recibía idéntico trato sin poder hacer nada para evitarlo, siendo ambos niños primos entre sí, con una estrecha relación afectiva, lo cual sin dudas no hizo sino provocar mayor sufrimiento e impotencia en ambos y, según acreditaron diversos profesionales de la salud mental que depusieron durante el debate, dejó huellas sumamente profundas e indelebles en sus psiquis; y por último, que al momento del hecho las víctimas hayan contado con tan solo tres años de edad, lo que obliga a realizar un juicio axiológico mucho más severo de la conducta desplegada por el imputado.

El componente etario de la víctima cobra especial relevancia porque existe coincidencia doctrinaria y jurisprudencial respecto a que uno de los factores fundamentales a tener en cuenta para la configuración del tipo calificado es la cosificación del sujeto pasivo, su tratamiento como un mero instrumento de placer que el imputado utiliza para satisfacer sus apetencias sexuales… y ello se ve intensificado cuando por su brevísima edad la persona todavía no ha tenido un despertar sexual ni siquiera incipiente, lo que patentiza aún más la intención del abusador de tratarla como un mero objeto, carente de la más mínima dignidad humana, útil solo a los fines de procurar su propio y egoísta placer sexual.

 

Para el tribunal, Néstor Fabián Monzón redujo  a los niños a la condición de objetos, privándolos de su más elemental dignidad humana, humillándolos y ultrajándolos gravemente, con la única finalidad de servirse de ellos para satisfacer sus más bajos y reprobables instintos sexuales.

Lo expresó en éstos términos:

“¿Puede inferirse, por la forma en que se desarrollaron los hechos y por las características de los dos niños de corta edad que surgen como víctimas, que Néstor Fabián Monzón sometió a (nombra a la niña víctima) y a (el nene víctima), reduciéndolos a la condición de objetos, privándolos de su más elemental dignidad humana, humillándolos y ultrajándolos gravemente, con la única finalidad de servirse de ellos para satisfacer sus más bajos y reprobables instintos sexuales?. 

La respuesta, sin el menor atisbo de duda, es afirmativa. 

En razón de ello podemos tener por suficientemente configurados todos los elementos objetivos del tipo escogido, y debemos concluir que por el hecho del que se trata y las características en el que el mismo se desarrolló, resulta más que evidente que el encartado actuó con pleno conocimiento y voluntad de realización de aquellos, razón por la cual obró con dolo directo, único posible en la especie”, y recuerdan que “era ministro de un culto reconocido al momento del hecho, lo cual permite tener por configurada la agravante del artículo 119, inc. b, del Código Penal”.

 

FUNDAMENTOS DEL POR QUÉ EL TRIBUNAL CONSIDERA QUE MONZÓN INCURRIÓ EN DOS HECHOS DELICTIVOS EN CONCURSO REAL 

Dice el tribunal en sus fundamentos de la condena:

No nos encontrarnos en presencia de un único hecho -es decir, una única conducta o comportamiento relevado por el tipo penal- sino ante dos hechos que configuran un concurso real homogéneo y simultáneo, en razón de darse dos conductas, en un idéntico contexto temporal y espacial, que son independientes entre sí y resultan típicas de la misma figura penal. Jamás podría consistir en un único hecho, porque la autodeterminación sexual, amparada por la norma, integra junto con la vida, la salud y el honor, aquellos bienes jurídicos considerados personalísimos y, en consecuencia, ante la presencia de más de una acción, habrá tantos delitos como víctimas. Este es el criterio sostenido por nuestro Máximo Tribunal provincial... (cfr. “CARRANZA, O. E.- Querella por injurias - s/ RECURSO DE INCONSTITUCIONALIDAD”, Corte Suprema de Justicia de Santa Fe; Santa Fe, 26/11/2008; 00447; 29009/12), y si bien el precedente citado refiere a delitos contra el honor, con mucha más razón debe aplicarse idéntico criterio cuando el ataque se dirige contra un bien personalísimo de mucho mayor valor, como lo es la autodeterminación sexual”.

 

EL TRIBUNAL DESNUDÓ OTRO DESCUIDO DE LOS ACUSADORES QUE FAVORECIÓ A MONZÓN

Así lo manifestaron:

"En relación con el rechazo del tipo calificado del grave daño en la salud de las víctimas (art. 119, inc. a, del Código Penal), debemos efectuar algunas precisiones. Sin lugar a dudas, durante el debate se probó sobradamente el grave daño en la salud mental de ambas víctimas  que, por sus características, permitiría la configuración del tipo calificado, pero, pese a ello, entendemos que se produciría una suma afectación al principio de congruencia si se condena por este particular, puesto que todo el debate respecto al grave daño en la salud fue centrado por los acusadores en la afectación del aspecto físico -no psicológico- de la niña, concretamente, la transmisión del virus del papiloma humano, lo cual, conforme a lo analizado en la sección II del presente fallo, no fue lo suficientemente probado como para vencer el estado de inocencia que goza el imputado al respecto. Quizás al momento de formular acusación los actores penales, público y privados, atribuyeron ese hecho, pero lo cierto es que dicha situación debe sostenerse a lo largo de todo el proceso y muy especialmente durante el debate oral y público, al cual llegamos los juzgadores sin tener noción de nada de lo actuado en la etapa previa, con excepción de lo que se encuentre contenido en el auto de apertura del juicio. Es justamente en los alegatos iniciales que los acusadores tienen el deber fundamental de “hacer conocer con claridad el hecho por el que se ha llevado a juicio a la persona acusada. En ese sentido, tendrá una obligación de claridad en su relato y de amplitud en todos los aspectos que vayan a discutirse en el juicio, de forma tal de no provocar indefensión posteriormente en la persona acusada”… 

En sus alegatos de apertura, los acusadores una y otra vez circunscribieron el daño a la salud al contagio del virus del papiloma humano y no a las huellas psicológicas producidas por los hechos en las víctimas. Sobre el particular, el Dr. Rodríguez manifestó: “(…) demostraremos asimismo que una de las víctimas, la niña, experimentó un daño en la salud, pues se le trasmitió a raíz de dicho acto sexual abusivo y dentro de la previsión legal del Código Penal una E. T. S.” y “(…) agravado además por haber dañado la salud de uno de los niños, en este caso la niña, trasmitiendo una enfermedad sexual (…)”. A su turno, la Dra. González expresó sobre el particular: “(…) Cabe recordar que la calificación legal en esta instancia por la que se encuentra imputado por los hechos perpetrados contra el niño que represento, es: autor penalmente responsable del delito de abuso sexual gravemente ultrajante agravado por ser un ministro de un culto religioso reconocido, delito que tiene una pena de ocho a veinte años de prisión (…)”. Por su parte, el Dr. Ghio fue el único acusador que sí hizo referencia en sus alegatos iniciales al grave daño en la salud mental de los menores, cuando calificó el hecho como un “(…) abuso sexual gravemente ultrajante, agravado por la condición de ministro del culto católico y por haber provocado grave daño en la salud -física y psíquica- de los menores, tal como fue imputado y relatado en la acusación (…)”, por lo cual quizás resultaría adecuado evaluar la agravante desde esa perspectiva -el grave daño a la salud mental-, en virtud de que la atribución del hecho delictivo puesta en conocimiento del imputado, aun por parte del querellante, salvaguardaría suficientemente la garantía que tiene aquel al debido proceso y su derecho a la defensa en juicio (cfr. “Santillán”, 13/08/1998, CSJN). Sin embargo, tan palmario fue que todos los acusadores centraron su actividad probatoria y su atribución delictiva en el daño a la salud física de la niña -y no a la salud mental de ambas víctimas-, que el propio letrado referido, en sus alegatos conclusivos, manifestó su voluntad de desistir de la agravante del inciso a del artículo 119 del Código Penal, por entender que no se había probado en forma acabada la transmisión del virus del papiloma humano a la pequeña. Todo lo dicho al respecto nos lleva a tener por no acreditado el grave daño a la salud, en los términos que fue debatido y sobre los cuales se le dio la posibilidad al imputado de ejercer acabadamente su derecho de defensa”.

 

AGRAVANTES QUE  TUVO EN CUENTA EL TRIBUNAL PARA ESTABLECER 16 AÑOS DE PRISIÓN PARA MONZÓN

Consideramos como circunstancias que agravan la culpabilidad de Monzón las siguientes: 

1. Que el delito haya sido perpetrado contra dos niños de corta edad que tenían contacto fluido con aquel en virtud de la confianza  que sus familiares más cercanos -principalmente sus padres y abuelos- habían depositado en el imputado, en la inteligencia de que las agresiones sexuales contra sujetos pasivos de este tipo “no solo representan un mayor contenido de lo injusto al afectar a víctimas que carecen de discernimiento para decidir, sino que presentan una mayor vulnerabilidad en relación a otras, en especial, cuando el autor es una persona conocida y justamente aprovecha aquella vulnerabilidad de su condición etaria (…) o situación de confianza para abusar de ella”…. En lo que respecta a la tipicidad, se atendió principalmente a la grave afectación que el ataque sexual consumado implica para el normal desarrollo de los niños y la suma lesión producida a su indemnidad y desarrollo sexual -lo cual califica la conducta-, en tanto que en este segundo momento -al valorar la culpabilidad- lo que se tiene en cuenta es el mayor grado de vulnerabilidad en que se encontraban las víctimas debido a su breve edad, situación que fue conocida y aprovechada por el imputado para perpetrar el nefasto hecho. 

 

2. la excesiva perversión de las prácticas sexuales realizadas  por el imputado, en particular los actos masturbatorios practicados en presencia de ambos niños y la eyaculación sobre la pequeña, situación que -nuevamente corresponde aclarar- no fue tenida en cuenta en la evaluación de la tipicidad en aras de salvaguardar el principio de congruencia, en razón de que los acusadores no la incluyeron oportunamente en su intimación, pero que sí puede ser sopesada al momento de valorar la culpabilidad, en virtud de haber sido una circunstancia introducida y discutida durante el debate y acreditada suficientemente a partir de la prueba válidamente producida -conforme ya fue especificado en el acápite precedente.

 

3. las secuelas lesivas causadas, que trascienden largamente a las víctimas y se extienden a la totalidad de su círculo íntimo , ocasionadas no solo por las características del aberrante hecho cometido ...sino también por la actitud del imputado que deliberadamente, desde que se presentó la denuncia en su contra -según se acreditó con diversas testimoniales vertidas a lo largo del debate-, intentó utilizar su posición dentro de la sociedad para estigmatizar a las familias de las víctimas y lograr con ello el rechazo de gran parte de la comunidad local hacia los denunciantes y su entorno. 

 

4. la absoluta ausencia de arrepentimiento del encartado, a quien en modo alguno puede requerírsele que reconozca el hecho atribuido …  pero sí puede exigírsele que al momento de ejercer su defensa evite actitudes provocadoras y sumamente lacerantes hacia los más caros sentimientos de los damnificados, tales como invocar una y otra vez el nombre de la abuela fallecida de los niños que resultaron víctimas de los actos de Monzón; y 

 

5. la edad y educación del imputado , quien por ser una persona de 51 años, culta e instruida, resulta pasible de un reproche mucho mayor que el que podría recibir un sujeto sumamente joven, de escasa instrucción o inmerso en un contexto sociocultural adverso, en razón de haber tenido enormes posibilidades de motivar su conducta conforme a derecho, lo cual, huelga decirlo, no hizo.

 

EL ATENUANTE QUE JUGÓ A FAVOR DE MONZÓN

El atenuante que favoreció a Monzón "no obstante el silencio de los defensores técnicos sobre el particular", es que se trata de " un delincuente primario   y que hasta el momento del hecho gozaba de buena reputación en su ámbito laboral y social".

 

SABOR A POCO

Todo lo dicho en los parágrafos precedentes nos lleva a concluir que la pena justa a imponer al imputado debería superar -y por mucho, quizás- la pretensión punitiva de los acusadores -público y privados-, y esto es así porque, aun si se considerase que los hechos atribuidos concurren idealmente entre sí -situación que no se da en el caso, conforme a los argumentos vertidos en el acápite III de la presente-, nos encontramos en presencia de dos víctimas, lo cual sin dudas implica un incremento de la intensidad del juicio de reproche y en razón de ello, aún teniendo por no acreditada una de las calificantes endilgadas, considerando el enorme cúmulo de circunstancias agravantes y la escasa existencia de atenuantes, resultaría ajustado a derecho imponer una pena que supere largamente la línea media del margen otorgado por la escala penal (catorce años, según la calificación escogida por las partes, la cual, se reitera, no compartimos) y se acerque a su techo (veinte años) y no tan escasa como la requerida por el Ministerio Público de la Acusación (doce años), en exceso cercana al mínimo. 

Ahora bien, pese a lo dicho y conforme a lo normado por el artículo 335 del digesto ritual, la sanción deberá limitarse a la peticionada por las partes querellantes -por ser la mayor de las solicitadas-, razón por la cual corresponde imponerle a Monzón la pena de dieciséis años de prisión de cumplimiento efectivo con más sus accesorias legales.

 

MONZÓN ESTA PRESO

Si bien pesa sobre él una condena de primera instancia sujeta a revisión de un tribunal superior, Néstor Fabián Monzón fue detenido preventivamente el 20 de diciembre de 2019, dos días después de la sentencia, para evitar que fugue, riesgo que advirtió la jueza penal de primera instancia Norma Senn. Terminada esa audiencia Monzón fue esposado y quedó preso en el acto.

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