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Detuvieron a un menor que andaba a los tiros y es alarmante cómo crece la fabricación, posesión y uso de armas caseras en la pibada. Ahora se enojan y balean.

A las 22:35 horas del martes 20 de mayo de 2020, la policía acudió a la manzana 23 del Loteo Nardelli, alertados por los vecinos de que en el lugar se encontraba un masculino efectuando disparos con un arma de fuego.

Allí, Silvio Abel Saravia, 35, vecino de la manzana 23, lote 7 manifestó que momentos antes, en circunstancias que se encontraba en su domicilio vio que un masculino al cual conoce del barrio, se encontraba gritando e insultando a la familia del frente de su vivienda y cuando este masculino ve que él lo estaba mirando efectuó dos disparos hacia su casa con una tumbera.

Finalmente, se procedió al traslado a la comisaría de un menor de 16 años y desde el domicilio del mismo, se secuestró un trozo de caño de 25,5 centímetros de largo, el que sería parte de un arma de fabricación cacera,  un cartucho intacto calibre 12/70 de color rojo, marca Orbea y dos cartucho percutados de la misma marca y calibre. Estos últimos fueron levantados en la vía pública, por pasaje 68/70 del Loteo Nardelli.

Consultada la Jueza de Menores, Dra. Griselda Delbón, dispuso que se realice una prueba de dermotest en el adolescente, la que resultó positiva en ambas manos y en sus prendas de vestir, por lo que ordenó que el menor sea alojado y se den inicio a las actuaciones caratuladas como abuso de arma e infracción a los artículos 205 y 239 del C.P.A.

 

ALARMANTE Y UN DESPERDICIO 

Es alarmante cómo crece la fabricación, posesión y uso de armas caseras en la pibada.

Ahora se enojan y dirimen las diferencias e incluso los liderazgos barriales a los tiros.

Antes era una pelea "a piñas", pero al resultar tan sencilla la posesión de escopetas caseras, crecieron el riesgo y también las consecuencias: pibes muertos, pibes heridos, pibes que perdieron el ojo o en algunos casos solo la visión. Reconquista y Avellaneda tienen varios de esos antecedentes. También al policía Gustavo Zalazar han dejado discapacitados para siempre en cumplimiento del deber. También vecinos de los que no participan de las disputadas de nada han padecido y padecen las consecuencias. Cuando se producen los tiroteos los perdigones van a parar a cualquier lado. Así también otros han perdido la vista, han sufrido otro tipo de lesiones y tuvieron que reparar sus viviendas, lo más barato.

Ni la familia, ni la sociedad, ni el Estado generan expectativas de cambio. Crecen la pobreza y la marginación; y el resentimiento es directamente proporcional a la falta de proyectos de vida. "De algo hay que morir", es la frase más repetida que me dijeron varios de esos pibes que pasan dos por tres por tribunales. Aterrador que a esa edad se piense en la muerte, cuando lo más lógico es soñar, como soñamos todos desde la niñez: desde ser bombero o policía o astronauta.  Y ante la falta de proyectos de vida y de contención, se agigantan los vacíos que cubren las drogas y la violencia.

Ni la familia, ni la sociedad, ni las instituciones del Estado les hacen ver opciones, por eso esos pibes no se dan cuenta que en la adolescencia están en condiciones de pelear por otras cosas, poder elegir su futuro y formarse para eso. Lo poco o muy difícil que les resulte les parece imposible, no observan la diferencia ni nadie se las hace notar.

Saben construir armas, reforman las cosas que roban, las negocian, formulan estrategias para dar sus golpes, hay liderazgos... está claro que habilidades tienen, el tema es hacia dónde las direccionan.

No son culpables, son víctimas con habilidades.  

Son como los árboles. Se nota cuando les falta un tutor y aunque crezcan lo hacen torcido; y que nadie los asocie con árboles que crecen solos en el monte profundo porque no es así, están en medio de la sociedad y esa deformación trae consecuencias y termina inquietando a todos, y haciendo padecer a muchos, aún a los que creen que el problema de un pibe es ajeno, como si existiera la cúpula de cristal. Contra esa deformación de la imaginación también habría que trabajar porque sino todo se resume a creer que alcanza con ignorarlos; y cuando algo nos pasa, pedir que los maten. Y en realidad los que siguen matando son los pibes. Solución para nadie.

Y como a las habilidades no hay que desperdiciarlas, ¿cuánto se hace y con qué eficiencia para canalizarla hacia lo positivo?. ¡Qué desperdicio!.

Y como estas líneas no totalizan la visión porque ni siquiera es la pretensión, y hay mucho más para señalar, dejo abierto el debate en cada persona, en cada institución, y bienvenidas las opiniones al WhatsApp de ReconquistaHOY 3482-552285

Gustavo Raffin - ReconquistaHOY