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LO DICE UN TRIBUNAL EN UNA RECIENTE CONDENA POR ABUSOS SEXUALES

"Los niños son capaces de mentir y pueden hacerlo tan eficazmente, que en muchas ocasiones resulta sumamente difícil para un adulto advertir el engaño".

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Jueces Martelossi, Banegas y Gon, el día que anunciaron la condena para Mateo Cepeda, a 20 años de cárcel. En los fundamentos decidieron combatir el dicho que de niños nunca mienten.

El Tribunal que condenó recientemente a Mateo Cepeda a la pena de 20 años de prisión por abusos sexuales, decidió combatir el dicho popular de que "los niños nunca mienten".

"Los niños son capaces de mentir y pueden hacerlo tan eficazmente, que en muchas ocasiones resulta sumamente difícil para un adulto advertir el engaño", sostiene en sus fundamentos el veredicto firmado por los jueces Santiago Banegas, Gustavo Gon y Muricio Martelossi.

Por unanimidad fue la condena que confirmó toda la acusación del fiscal Marichal, y hasta los 20 años de cárcel que pidió, pero el Tribunal aprovechó la ocasión para sentar opinión respecto a lo que la sociedad repite como si fuera un axioma.

Dice el Tribunal:

"Tratándose los hechos traídos a juicio de supuestos abusos sexuales infantiles, una de las pruebas que resulta fundamental es el testimonio de los propios niños. Esto no responde, en modo alguno, a máximas que se repiten en nuestra sociedad actual, como si de axiomas se tratase, tales como "los niños no mienten", las cuales, si bien resultan de suma utilidad a la hora de concientizar sobre la inmensa importancia de que todo adulto que tome conocimiento por boca de un niño de un presunto hecho de abuso del cual este habría sido víctima crea en su palabra y lo ponga en inmediato conocimiento de las autoridades competentes, pueden ser sumamente peligrosas cuando son extrapoladas 
acríticamente desde el ámbito lego al del derecho procesal penal".

"Los niños, como todo ser humano, son capaces de mentir y, no solo eso, sino que además pueden hacerlo tan eficazmente que en muchas ocasiones resulta sumamente difícil para un adulto advertir el engaño, según han demostrado decenas de estudios científicos realizados por prestigiosos psicólogos, tanto en el ámbito académico como 
forense".

"Teniendo en cuenta lo dicho, no podemos dejar de destacar que tan grave era la situación cuando hace no muchos años atrás se pensaba en el ámbito tribunalicio, que los niños eran testigos de escasa o nula credibilidad ─por ser, presuntamente, fantasiosos o sugestionables─ como resulta ahora el embate de ciertas corrientes que, divorciadas de 
toda prueba científica, sostienen que los niños siempre dicen la verdad".

"Ambos extremos parten de premisas falsas y, por lo tanto, no pueden jamás ser utilizados para fundar un razonamiento jurídico válido. Lo que imponen la razón y el sentido común, por su parte, es, teniendo en cuenta las circunstancias especiales en las que se desarrollan habitualmente los actos de violencia sexual y la carencia de otros testigos más allá de las propias víctimas, reconstruir los hechos a partir del relato de ellas, y observar, luego, si el mismo se encuentra apontocado por otra prueba cargosa, o si ─por el contrario─ se halla minado por prueba de descargo que le quite verosimilitud a lo narrado".

"Esta particular forma de evaluar la prueba en casos como el presente, es la que sugieren las Directrices sobre Justicia para Niños Víctimas y Testigos de Delitos, cuyo apartado B.2.d reza que "cada niño tiene derecho a que se le trate como un testigo capaz y a que su testimonio se presuma válido y creíble, a menos que se demuestre lo contrario y siempre y cuando su edad y madurez permitan que proporcione un testimonio comprensible", medida cuasi indispensable para poder dar efectivo cumplimiento a la obligación de "proteger al niño contra todas las formas de explotación y abuso sexuales", asumida por los Estados que suscribieron la Convención de los Derechos del Niño, la cual, en nuestro 
caso, integra el bloque de constitucionalidad federal".

"Ahora bien, debe dejarse en claro que lo dicho precedentemente, no implica flexibilizar los estándares probatorios que se requieren para condenar al imputado, sino tener en cuenta las máximas de la experiencia para evaluar en forma consistente y concordante la prueba indiciaria o de contexto en su conjunto, a la luz de la sana crítica y de los principios de la recta razón, esto es, de las normas de la lógica, la psicología y de la experiencia común".

"Tampoco importa suponer, en modo alguno, que es el imputado a quien le corresponde probar su inocencia, ya que si se pretendiera que Cepeda demostrase no haber cometido los hechos que se le endilgan, se colisionaría estrepitosa e inexorablemente no solo contra los muros erigidos en torno a su persona por derechos y garantías reconocidos 
legal, convencional y constitucionalmente, sino también contra la lógica más elemental, puesto que resulta prácticamente imposible desde el punto de vista epistemológico demostrar aquello que no ocurrió. Sin embargo, los 
principios interpretativos referidos, sí autorizan a arribar a una sentencia condenatoria a partir de la valoración integrada de la prueba directa única ─en este caso, el testimonio de los niños, presuntamente víctimas del hecho─ en consonancia con las probanzas indiciarias o de contexto", lo que el Tribunal fundamenta en el texto completo de la condena para Mateo Cepeda, a la pena de 20 años, convencidos sin duda alguna que fue autor de los delitos sexuales imputados.

 

Martelossi Banegas Gon 26 nov 2021
El Tribunal firmando la condena para Mateo Cepeda.

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